veranito de San Juan


Cada invierno me miro en el espejo y estoy segura de que me volví vieja. No es un reclamo sobre la edad ni sobre la belleza, es más bien algo sobre el color. Pienso: este es el año en que esa tonalidad verdosa y deslucida se queda para siempre conmigo.

Me pasa todos los años, y aunque ya lo sepa, en ese instante de certeza soy incapaz de rercordarme la primavera.

Ahora estoy en el Parque Rivadavia. En sandalias. Hay una señora que se abanica, hay cinco chicos trepando el ombú con los cachetes rojos al punto de la explosión. Los vestiditos de las nenas son una fiesta y lo son, sobre todo, porque la semana que viene hará otra vez diez grados y habrá que volver mansitos al pulóver y a las botas. Pero el invierno tiene los días contados y lo sabe: esa es la magia de agosto.

Muchas veces, rodeada de otros que también prefieren el calor, participé de la conversación obligada: qué bueno sería vivir en el Caribe, etcétera. Y yo digo que sí, que qué bueno sería. Pero en el fondo prefiero esta ciudad con cuatro estaciones que me dan la posibilidad de volverme definitivamente vieja en el invierno, y asombrarme cada vez que se asoma, recién nacida, la primavera.


visita a la Feria del Libro de Tandil


Estuvimos con Maricel Santín y Facundo Dipaola en la 11º Feria del Libro de Tandil.

Presentamos "Los oficios del lápiz" y "Derecho al escenario", donde hay un cuento y una obra de teatro de Maricel respectivamente, y "Flor de Loto" y "Navegar la noche", de una servidora. Nos salió así:



Conocimos a Eduardo Rodríguez del Pino, un escultor cordobés, formado en La Plata, exprofesor de La Cárcova, residente de Tandil. Vimos su monumento a Zitarrosa y, al pie de La Movediza, la escultura "lagarto overo". 



Aquí, escultura y escultor.



Y también paseamos. Agradecemos a la organización de la Feria del Libro de Tandil, especialmente a Néstor Dipaola que se ocupó de todo y más.


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